| La revolución latinoamericana llega a puerto hondureño (segunda parte) |
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| Martes, 14 de Julio de 2009 02:00 |
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¡Fortalecer la dirección para coordinar y extender la lucha! ¡Ni un gramo de confianza en la OEA! La revolución hondureña ha estallado con una intensidad colosal. La rabia y frustración acumuladas por años, están escapando por una válvula aparentemente circunstancial que ha sido provocada por el golpe de Estado de la ultraderecha, al presidente Zelaya. Las masas han salido a las calles en miles primero, y después en decenas de miles y centenares de miles el domingo 5 de julio, dando una batalla frontal a las fuerzas represivas, demostrando una inconmensurable capacidad de organización y una firme decisión de llegar hasta el final. Una concentración de 300 mil personas en un país de 7.4 millones de habitantes, es una cifra estupendamente alta. ¡Fortalecer la dirección para coordinar y extender la lucha! ¡Ni un gramo de confianza en la OEA! Las masas han salido a las calles en miles primero, y después en decenas de miles y centenares de miles el domingo 5 de julio, dando una batalla frontal a las fuerzas represivas, demostrando una inconmensurable capacidad de organización y una firme decisión de llegar hasta el final. Una concentración de 300 mil personas en un país de 7.4 millones de habitantes, es una cifra estupendamente alta.
Decisión inquebrantable Guiados por su instinto de clase y una dirección agrupada en el Frente Nacional contra el golpe de estado[1] (FNGE), que básicamente es la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular (CNRP), los trabajadores del campo y la ciudad, hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, están dejando una profunda huella en el proceso de la revolución latinoamericana. A pesar de un escenario de toque de queda, de militarización de las calles, de gases lacrimógenos, de cárcel, allanamientos de morada, a pesar de una feroz, hipócrita e indescriptiblemente mentirosa distorsión de la realidad a través de los medios electrónicos de comunicación, a pesar de una de represión sangrienta con al menos cinco muertos hasta ahora, a pesar de todo eso, los golpistas no pudieron evitar que una auténtica marea humana de cientos de miles de trabajadores del campo y las ciudades, arribara a la capital, Tegucigalpa, a recibir a Zelaya, que aterrizaría en el aeropuerto internacional de Toncontín. Haciendo gala de una decisión inquebrantable, las masas evadieron audazmente a los retenes militares —caminando, pues los militares tiraban balazos a los neumáticos de los autobuses—, bordearon ríos, avanzaron a campo traviesa, comieron frutos silvestres, durmieron en las calles o al descampado, todo con el fin de llegar a Tegucigalpa, porque para ellos, reinstalar a Zelaya significa una esperanza de cambiar su realidad, salir de su pobreza y dejar atrás la ausencia de un futuro digno. Lo mejor y más avanzado del pueblo hondureño dejó claro que está haciendo todo lo que está en sus manos, no sólo para regresar a Zelaya a la presidencia, sino instintivamente poner sobre la mesa la necesidad histórica de la transformación socialista de la sociedad. Las imágenes mostradas por Telesur[2] y la televisión del gobierno bolivariano de Venezuela[3], dan una clara muestra de que la rabia contenida por décadas ha estallado encontrando un cauce —por ahora—, en la defensa de la democracia burguesa, “¡Queremos a Mel!”, “nos tienen miedo, porque no tenemos miedo”: es un coro en la garganta de centenares de miles en las calles de Tegucigalpa; en voz de un manifestante entrevistado por Telesur: “el presidente Mel Zelaya ha demostrado la voluntad del pueblo, por eso debe ser regresado a su puesto, porque es el presidente constitucional que fue elegido por el pueblo”; otro manifestante portando en una mano una imagen de la virgen de Suyapa y en la otra mano, una foto de Mel Zelaya, dice: “esta es la patrona de Honduras (señalando la imagen de la virgen), y este es el presidente constitucional (señalando la foto de Zelaya), quien nos ha regresado la dignidad como pueblo, esta es una lucha en defensa de la democracia, en defensa de la vida”.
La democracia burguesa Una cosa es la “democracia” para la burguesía y otra cosa muy distinta es la democracia para la clase obrera y el campesinado pobre, quienes la interpretan libremente, adaptando conceptualmente la “constitucionalidad” burguesa, a su perspectiva instintiva de clase. En el marco del capitalismo, para los marxistas no da lo mismo un régimen “democrático” que un régimen dictatorial. Por supuesto que es preferible un régimen con libertades democráticas, a un régimen en donde se coartan; por ejemplo, la aceptación de parte de un régimen “democrático” a la existencia de los sindicatos de trabajadores, permite —a pesar de sinnúmero de dificultades—, el desarrollo de la organización del movimiento. Una vez dicho esto, es claro que bajo el capitalismo, la “democracia” es la otra cara de la moneda de la dictadura del gran capital, puedes decir y hacer más o menos lo que se te antoje, siempre y cuando no atentes contra los intereses económicos de la clase dominante. Para controlar a la clase obrera y el campesinado pobre, bajo la “democracia” capitalista, la burguesía utiliza a los dirigentes reformistas de los sindicatos y los partidos con base obrera y campesina, para contener, distorsionar, desviar y traicionar al movimiento social. Sin este valioso apoyo de los dirigentes, el capitalismo no se sostendría en pié. Este favor es correspondido por la burguesía a través del enriquecimiento de los dirigentes. Pero, una vez dicho esto, no es una ley histórica que los dirigentes siempre serán corrompidos. Hay excepciones que pueden dar lugar a eventos atípicos. Los individuos juegan un papel en la historia, a la vez que están condicionados por la época en que viven. En momentos en los que las masas irrumpen en el escenario político, lo hacen usando sus organizaciones tradicionales antes de crear nuevas agrupaciones, partidos o sindicatos, y a la vez los dirigentes que no se ponen al frente de la lucha suelen ser desplazados. El margen de maniobra de los dirigentes reformistas no es eterno, funciona entre tanto las masas no obtienen conclusiones producto de los grandes acontecimientos, una vez que éstos se producen, la situación cambia, avanza o retrocede según se hayan gestado las luchas y las consecuencias del programa, la estrategia y las tácticas adoptadas por la dirección del movimiento. Muchas veces en la historia, hemos visto a las masas explotadas luchar en defensa de las libertades democráticas en el marco del Estado burgués o semi feudal, por ejemplo el caso de la Rusia zarista con la Revolución de febrero de 1917, que desplazó a la autocracia del zar Nicolás II y tenía la intención de instalar en su lugar una república liberal, para lo cual se instaló un gobierno provisional, que meses después fue derrocado por las masas dirigidas por el Partido bolchevique. Los capitalistas acuden por necesidad, obligados por las circunstancias, al uso de regímenes “democráticos”. Engels lo explica en La situación de la clase obrera en Inglaterra: “Los sindicatos, considerados hasta hacía poco, obra del diablo, eran mimados y protegidos por los industriales como instituciones perfectamente legítimas y como medio eficaz para difundir entre los obreros sanas doctrinas económicas. Incluso se llegó a la conclusión de que las huelgas, reprimidas hasta 1848, podían ser en ciertas ocasiones muy útiles, sobre todo cuando eran provocadas por los señores fabricantes en el momento que ellos consideraban oportuno. Aunque no desaparecieron todas las leyes que colocaban al obrero en una situación de inferioridad con respecto a su patrono, al menos las más escandalosas fueron abolidas”. Es decir, las conquistas democráticas no caen del cielo, sino que son producto de la lucha de los pueblos. Esto no hace sino esconder profundas contradicciones que nos permiten afirmar que en realidad, las masas luchan por lo que creen posible y en momentos de crisis revolucionaria, obtienen conclusiones que cuestionan todo el sistema, saben perfectamente lo que no quieren, pero no alcanzan a comprender exactamente lo que sí quieren, de ahí la necesidad de la construcción del partido marxista de masas. Así, a pesar de toda la maquinaria del Estado, que es un instrumento de dominación que permea el pensamiento dominante al conjunto de la sociedad, en momentos críticos y sólo a través de grandes acontecimientos, las masas —y sobre todo sus sectores avanzados— logran derribar los mitos, tradiciones, prejuicios y fantasías que en épocas “normales” mantienen atada su consciencia a la aceptación tácita de la sociedad capitalista. En este punto radica una de las cuestiones claves de la dirección del movimiento, es decir, ¿qué alternativa hay para sustituir al Estado burgués y cómo luchar por ella?
La revolución hondureña está ligada a la revolución centroamericana América Central ha sido tradicionalmente una región inestable, pues una atrasada, obtusa y dependiente clase dominante terrateniente —heredera del modo de producción feudal—, se ha fundido con la burguesía industrial y financiera, supeditándose siempre a través de miles de hilos al imperialismo estadounidense. Con una población de 43 millones de habitantes, Centroamérica representa únicamente el uno por ciento de la superficie terrestre del mundo y sin embargo cuenta con el 8 por ciento de las reservas naturales del planeta, eso ha colocado a Centroamérica como un jugoso botín para el imperialismo estadounidense, que ha postrado a los pueblos por todo un periodo histórico, a través de la colonización directa, dictaduras militares y con regímenes de bonapartismo burgués. Para el imperialismo, Honduras es su base regional, por eso instaló una base militar en Palmerola[5] en 1981 en plena dictadura. Honduras fue el portaaviones de Estados Unidos durante el periodo de la Guerra fría y jugó un papel especialmente relevante en la guerra de Reagan contra el sandinismo. Honduras se torna más importante aún para el Pentágono, en la medida del avance de la revolución latinoamericana. Estados Unidos quería quitar a Zelaya de manera “constitucional” para intentar frenar la influencia de la revolución venezolana en la región y le salió el tiro por la culata. El odio de clase de los medios informativos hondureños, reflejado en las vociferaciones en contra de la revolución venezolana, es una muestra clara de que lo más rancio y obtuso de la oligarquía centroamericana se sitúa precisamente en Honduras, pero toda la región se caracteriza por una profunda inestabilidad política. Por ejemplo, en Guatemala el imperialismo está atacando al gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), abanderado por Álvaro Colom, acusándolo de narcotráfico y demás. Dado que la naturaleza no conoce el vacío, las masas colocaron a la UNE en el gobierno de Guatemala en las elecciones de 2007. En 1999, Álvaro Colom fue candidato de la Alianza Nueva Nación, una coalición de izquierda encabezada por la ex guerrilla; luego de separarse de la alianza, en 2000, fundó la UNE para competir otra vez en 2003. Colom fue de 1991 a 1997 director del Fondo Nacional para la Paz, periodo en que negoció el retorno de 45 mil refugiados guatemaltecos desde México. El contenido programático de la UNE, que a pesar de ser totalmente reformista, explica en parte su triunfo electoral; en entrevista con La Jornada, Colom explica que su gobierno impulsará “la seguridad democrática y justicia plena, mayor empleo, una economía competitiva pero que genere seguridad social y la promoción de los derechos humanos en un país de injusticias.” Y sigue: “Necesitamos democracia y no mano dura, participación ciudadana, no clientelismo político”. No es tanto que la UNE sea una opción real para los trabajadores, más bien es la dispersión de las opciones de izquierda lo que colocó a Colom, a la vista de las masas, como una alternativa viable. El hecho de la victoria electoral de la UNE también se explica por la bancarrota de los partidos tradicionales de la oligarquía, que si pretendían derribar a Colom, ahora con la revolución hondureña, el imperialismo ha probado una cucharada de su propio chocolate y ha tornado más complicado todo el escenario centroamericano. En El Salvador, tras años de guerra de guerrillas y el traspaso del FMLN a la conformación de un partido político, este año 2009 el pueblo llevó combativamente al gobierno al FMLN, navegando contra el fraude electoral preparado por la derecha. Esto es un parte aguas histórico que anuncia una decidida acción de los trabajadores en la defensa y a la vez exigencia del gobierno Funes. La población trabajadora empujará a Mauricio Funes mucho más a la izquierda de lo que se presenta hasta ahora, de no reaccionar, puede ser desplazado, como sucedió con Lucio Gutiérrez en Ecuador. El pueblo trabajador está atento y tiene muchas expectativas en un gobierno que considera suyo. La política reformista en El Salvador y en todos los países, no lo tiene fácil, se verá presionada por izquierda y derecha; la moneda está en el aire acerca de la respuesta del gobierno FMLN, o más precisamente de los distintos sectores de la dirección del FMLN. Un sector intentará seguir dando muestras de colaboración con la burguesía, tomando al modelo nicaragüense como referencia (aunque en Nicaragua también existe un proceso de polarización y Daniel Ortega puede virar hacia la izquierda); pero es probable que haya otro sector que entienda que el gobierno está y estará atado y supeditado al capitalismo, y que de no romper con el sistema y aplicar un programa revolucionario con una perspectiva internacionalista, el régimen entrará en crisis. La revolución venezolana puede actuar como un eje de atracción para sectores honestos de la dirección del FMLN en El Salvador y del FSLN en Nicaragua. Las masas pasarán la dura prueba de desencanto del programa reformista, eso implicará un avance para las fuerzas del marxismo.
El movimiento está a la ofensiva En Honduras no existe un partido reformista de masas. A ojos de un observador superficial, la revolución se montó en Zelaya, un terrateniente adinerado, de manera inverosímil; pero la historia conoce todo tipo de transformaciones y se manifiesta de las más diversas formas. El Partido liberal aisló a Zelaya, quien no cuenta con una estructura partidista, es su personalidad y nada más, sin embargo, es posible que se den intentos de construcción de un partido reformista en torno a su figura, esto está por verse y aún tienen que pasar más acontecimientos. Lo que sí podemos decir con toda seguridad, es que la oligarquía logró exactamente lo contrario a lo que buscaba al derribar a Zelaya, es decir, no sólo no contuvo la revolución sino que la azuzó, le abrió la puerta y desató el avispero que puede contagiar el conjunto de la región e impulsar hacia adelante a la revolución venezolana; ahora la oligarquía y el imperialismo están tratando de “resolver” la crisis sin una derrota humillante y por la vía “diplomática”. La única razón de esto, radica no en la fortaleza de la dictadura sino precisamente en su debilidad. En este sentido, no deja de ser sintomático el que la dirección del movimiento siga caracterizando la lucha como una “lucha de resistencia”. En realidad, el movimiento está a la ofensiva y la dictadura —aunque ladre mucho y se envalentone—, está a la defensiva. Los teóricos de la guerra explican que un factor fundamental en la batalla, es la moral; es importante transmitir al movimiento no un sentimiento de resistencia —que implica de algún modo, que el contrincante tiene la ventaja—, sino transmitir lo que en realidad se está dando el proceso en este momento, es decir, una demostración contundente de la fuerza de los trabajadores en las relaciones sociales y la lucha de clases. Además de la huelga general, otro punto central y determinante es la solidaridad proletaria internacional: se está agitando en El Salvador, Nicaragua y Guatemala para hacer manifestaciones en apoyo a los trabajadores hondureños, la Unión Internacional de Sindicatos de Trabajadores Públicos anunció acciones para respaldar la lucha que los obreros hondureños realizan contra la dictadura de Micheletti, el documento compromiso fue firmado en Brasil, donde se realizó el XI Congreso de la Federación Sindical Mundial, que expresa el apoyo unánime de 150 delegados de 50 países del mundo. Pero el elemento más relevante es lo que está sucediendo en Venezuela, con manifestaciones y declaraciones fulminantes por parte de Hugo Chávez desnudando la estrategia y táctica del imperialismo y la oligarquía; Venezuela puede ser un factor de unidad con Evo en Bolivia, al FMLN en El Salvador, a Correa En Ecuador y a los sandinistas en Nicaragua —que son parte del la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA)—, a tomar acciones no sólo diplomáticas sino de manifestaciones de masas en las calles, luchando contra la dictadura de Micheletti.
Las maniobras de Washington La defensa de la “democracia” en abstracto, esconde muchos peligros. Zelaya acude a Washington a entrevistarse con Hillary Clinton, secretaria de Estado, quien designa a Oscar Arias, presidente de Costa Rica, cuya representación en la Organización de Estados Americanos (OEA), fue la única voz discordante y planteó la necesidad de “negociar” con Micheletti. Aquí se está preparando una trampa, cuya crónica podemos anunciar en términos generales: Lo primero que tenemos que decir es que si de verdad Obama estuviera comprometido con la “democracia” en Honduras, hubiese puesto a disposición la base aérea de Palmerola para que aterrizara el avión en el que viajaba Zelaya. Es lógico que no lo hayan dejado aterrizar pues no quieren una derrota humillante del golpe de Estado; aunque también es cierto que el hecho de que no haya aterrizado Zelaya, no frenará la revolución, ya que sería tanto como querer tapar el sol con un dedo, pues lo importante es lo que pasa en las calles con las masas luchando y los motivos que los han llevado a luchar, así que el factor Mel es meramente circunstancial, importante, defendible, pero circunstancial. Hay un sector del imperialismo que sabe que Micheletti no garantiza más que extender la revolución a más países, que gracias al látigo de la contra revolución, la revolución se puede a extender por todo Centroamérica, es por eso que los golpistas no se pueden sostener por mucho tiempo, además del factor de la caída inmediata de la economía que está afectando a la inflación, el empleo y el consumo. El imperialismo demuestra su debilidad al ser incapaz de invadir directamente como lo hacía en el pasado. Una invasión directa actualmente encendería toda Latinoamérica y Obama tiene, por ahora, suficientes frentes abiertos en Asia como para hacer explotar una bomba en América. El error del Pentágono fue minimizar la respuesta de las masas ante el golpe. Micheletti no podría sostenerse 24 horas sin el apoyo y financiamiento del imperialismo, pero a la vez, mantener a los golpistas implica agitar a la región, por tanto, la salida que buscarán será encausar la crisis por la “vía democrática”; ahora lo que intentan es que el gobierno surgido por el golpe se mantenga por unos cuantos meses mientras convocan a elecciones y justifican así un gobierno más fiel a Estados Unidos. Una posibilidad de "solución negociada" es precisamente que Mel vuelva a la presidencia, hasta enero en que vence su mandato, pero abandonando la idea de la Asamblea constituyente, es decir, aceptarían la vuelta de Mel, pero maniatado. Estados Unidos hará todo tipo de maniobras para conseguir su objetivo. Esta es la hipótesis más deseada por el imperialismo, sin embargo, hasta ahora, la última palabra la tienen las masas. ¡Ni un gramo de confianza en la OEA!
La oligarquía no quiere rendirse en medio de la tormenta, quiere negociar su salida cuando vuelva a salir el sol. Las manifestaciones de las masas no pueden convocarse permanentemente, así que la apuesta por parte del imperialismo y la oligarquía será al desgaste de las masas; según su lógica, eso abriría la posibilidad de un "acuerdo de civilidad" —o algo así de eufemístico—, que permitiera una salida intermedia que no implicara una derrota humillante para Micheletti, ni un encumbramiento político de Zelaya. Lamentablemente para el imperialismo y la oligarquía, su hipótesis respecto al desgaste del movimiento no es la más probable, antes bien, el movimiento se está extendiendo decididamente a más sectores. En estos momentos, a doce días de estallado proceso, puede haber cansancio —es lógico—, pero no hay desmoralización, todo lo contrario. Si el movimiento se prolonga, tarde o temprano los trabajadores tendrán que volver a sus provincias, eso es inevitable, pero a la vez, el volver a sus provincias puede extender el movimiento al conjunto del territorio y no sólo en las principales ciudades. Es necesario crear comités de base del Frente en todos los rincones de Honduras, con representación elegida en asambleas democráticas local, regional y nacionalmente. Es necesario coordinar y extender la lucha a través de un órgano nacional que evite la dispersión, para eso hace falta fortalecer la dirección centralizada democráticamente. Los trabajadores están obteniendo conclusiones avanzadas, saben perfectamente que tras Oscar Arias como mediador del conflicto se esconde una trampa, que es el vocero y peón del imperialismo, eso sí, cobijado de Premio Nobel de la paz. Está por verse si Zelaya realmente negociará con Micheletti, o no. Pero lo cierto es que recibirá enormes presiones por parte de Estados Unidos para lograr un acuerdo. Las masas están comprendiendo que un acuerdo que implique el no retorno de Mel a la presidencia, aunque salga Micheletti, sentaría un precedente que podría repetirse en otras latitudes, por tanto, los acontecimientos están haciendo que la consciencia de las masas, estancada y atrasada por largos periodos, cambie dramáticamente —incluso en cuestión de horas—. Pero este peligro puede evitarse si la dirección del Frente adopta de inmediato una defensa internacionalista de la revolución hondureña y se apoya decididamente en el movimiento obrero, nacional e internacional. Cada hora que pase sin que el Frente fortalezca las manifestaciones, bloqueos de carreteras, huelgas parciales, etc., con la preparación consciente y organizada de una huelga general, así como el llamamiento internacionalista a los obreros centro y latinoamericanos, serán horas perdidas para los momentos decisivos de esta heroica batalla. La “liberación nacional” depende de la lucha internacional. ¡Adelante compañeros!
El factor de la dirección del movimiento El Frente ha planteado claramente está en contra de la cualquier legitimación del régimen de facto. Ha pedido estar presente en las pláticas de Costa Rica, esto es muy importante para evitar que se negocie a espaldas del pueblo. El movimiento ha adoptado la demanda de Asamblea constituyente (AC), que representa el cuestionamiento de todo el orden burgués existente. Es decir, ya no se conforman con que vuelva Mel o con que haya una "consulta", sino que se marcan como objetivo una AC. En estas circunstancias, las reivindicaciones democráticas: AC, cárcel y castigo a los golpistas, restauración de las garantías constitucionales, libertad a los detenidos, etc., son de vital importancia. Desde dónde se vea, no es posible actuar de forma correcta en la complicada ecuación de la revolución, sin comprender las perspectivas. Una cuestión importante en primera instancia, es que esta lucha no será corta, podemos decir incluso, que este periodo que se ha abierto, apenas inicia. La lucha se extenderá por todo un periodo incluso de años. Por tanto, es necesario comprender que esto es un maratón y no una carrera de velocidad o fondo. ¿Qué pasa si la estrategia de un corredor para los 42.295 km., es ir a la velocidad de los 100 metros planos? La respuesta no requiere mucha descripción. Lo más probable es que el corredor tronará irremediablemente. Los revolucionarios hondureños deben prepararse para una tarea titánica de largo plazo: destruir el Estado burgués y construir las bases para construir un semi Estado o un Estado en extinción, acompañando a través de la teoría, la explicación paciente y la intervención audaz a los procesos de la clase obrera y el campesinado pobre, en sus luchas y estratos de conciencia. Esto se dice fácil, pero en realidad es algo que requiere mucha paciencia. Los activistas del movimiento se enfrentarán a enormes presiones de lo inmediato, lo cual, si no se tienen claras las perspectivas, puede provocar errores, desgaste, cansancio y frustración. Cuando las batallas se dirimen en las barricadas, es muy complicado atender las necesidades teóricas de la revolución. Pero, aunque el ala marxista del movimiento hondureño se guíe por razonamientos teóricos, la clase obrera aprende sólo a través de la experiencia de los grandes acontecimientos, y esto se aplica también a los elementos más avanzados y más activos. La mayoría del movimiento se guiará por consideraciones prácticas y juzgará el movimiento de acuerdo a los resultados obtenidos. Es por esto que uno de los retos de la dirección radica en trazar correcta, oportuna y masivamente las consignas que el movimiento necesita en cada momento. La manera en cómo se están desarrollando los acontecimientos, puede provocar todo tipo de giros, sobre todo ante la ausencia de un partido que centralice y dirija la lucha del pueblo. El FNGE de pronto se ha colocado como un director de orquesta, sin haber podido ensayar suficientemente la sinfonía. Hay una enorme responsabilidad sobre la espalda de los dirigentes del Frente, lo fundamental será —como explica Ted Grant—, responder qué hacer, cómo y cuándo en relación a los problemas planteados por la historia. Una dirección revolucionaria no se puede improvisar y la ausencia de un partido obrero de masas con una dirección marxista, sin duda, tendrá consecuencias. Sin embargo, si el FNGE incluye en su estrategia una política de independencia de clase e internacionalista, puede llevar el movimiento hacia adelante. Una estrategia que incluya: uno, seguir impulsando una orientación no conciliadora con la burguesía; dos, basarse en los principios del internacionalismo proletario y; tres, organizar conscientemente, desde la base de los sindicatos, una huelga general que incluya al sector industrial. Estos pueden ser tres factores fundamentales de éxito de esta heroica e histórica insurrección revolucionaria a la que estamos asistiendo, aunque incluso ganando esta batalla, no se habrá asegurado la victoria de la guerra, ya que ésta coyuntura, es un primer episodio de muchos que se escribirán en la revolución socialista hondureña. El trabajo diplomático del ALBA en la OEA es importante pero no es en sí mismo la solución, lo fundamental es lo que pase en las calles de Honduras, es decir, el factor diplomático sólo puede ser un complemento de la lucha en las calles. El FNGE debería hacer un llamamiento a los proletarios de Centroamérica para concretar huelgas de 24 horas coordinadas el mismo día a la misma hora, en defensa de la revolución proletaria hondureña y contra los capitalistas locales en cada país, contra la represión y la caída de la dictadura, movilizaciones de masas en Centro América organizadas por sindicatos y organizaciones de izquierdas para preparar una huelga general en la región. También llamar a un boicot obrero a productos hondureños, implementado por los trabajadores del transporte y portuarios. Este llamamiento tendría un efecto en Venezuela y a la vez empujaría el proceso venezolano hacia adelante. La huelga general en Honduras podría ganarse a los trabajadores de los medios de información, esto sería vital para la lucha, porque se podría combatir el mar de calumnias contra el movimiento y el socialismo. Los hechos en Honduras ayudarán a las masas del continente a sacar conclusiones que cuestionen la democracia burguesa y traten de buscar la salida en el internacionalismo proletario. ¡Ni un gramo de confianza en la OEA! ¡Huelga general para derribar a la dictadura! ¡La revolución hondureña está ligada a la revolución en Centro América! ¡Que el Frente llame a la acción directa del proletariado centroamericano! Ver también: La revolución latinoamericana llega a puerto hondureño (Parte 1) Todas las fotos han sido cedidas por James Rodriguez / www.mimundo.org Notas: [1] http://contraelgolpedeestadohn.blogspot.com/ [2] http://www.telesurtv.net/noticias/canal/senalenvivo.php [3] http://www.vtv.gov.ve/envivo.html [4] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88125 [5] Palmerola es la ubicación geográfica en donde se encuentra la Base Aérea "José Enrique Soto Cano" y la Fuerza de Tarea Conjunto Bravo, esta segunda es la base militar estadounidense en Honduras. Está localizada en Comayagua, antigua capital de Honduras, entre las ciudades de San Pedro Sula y Tegucigalpa. México, D. F. 9 de julio 2009 |